¿Puede un azote ayudar a educar a mi hijo?

azote, nalgada

Dar un azote, una nalgada, a un niño puede parecer la solución a un problema de conducta pero piénsalo dos veces antes de hacerlo. Investigadores de las universidades de Texas y Michigan han publicado un trbajo conjunto en el que, tras un extenso análisis, han llegado a la conslusión de que esta forma de castigo solo hace que los pequeños se vuelvan más desafiantes y agresivos.

El estudio fue publicado recientemente en el Journal of Family Psychology. El estudio es un metaanálisis que se basa en más de cinco décadas de investigación con una muestra de más de 160000 niños lo que lo convierte en el más completo sobre este tema. Además, al contrario que otros muchos estudios está centrado en el azote, y en ningún otro tipo de método de disciplina física.

Elizabeth Gershoff, profesora asociada de desarrollo y ciencias de la familia en la Universidad de Texas es la autora principal del proyecto y afirma:

Encontramos que los azutes se asocian a resultados perjudiciales no deseados y no con un cumplimiento de los resultados esperados por los padres a la hora de impartir disciplina, a corto o largo plazo.

En el estudio se asocia directamente el hecho de recibir este tipo de castigo físico con un mayor riesgo de que los niños se vuelvan más desafiantes hacia sus padres llegando a ser agresivos, exprimentar problemas de salud mental, exhibición de comportamientos antisociales y desarrollo de dificultades cognitivas.

Como parte del metaestudio, los autores realizaron un análisis de la relación entre el azote (definido claramente como un golpe con la mano abierta en las extremidades inferiores del niño o las nalgas) y 17 posibles casos perjudiciales que se podrían fomentar con este castigo. El resultado es que 13 de los 17 posibles resultados son negativos para el menor.

La conclusión del estudio es que los azotes aumentan la probabilidad de una amplia variedad de resultados no desados para los niños. (…) El azotar logra generalmente lo contrario de lo que los padres desean.

Además, gracias a la amplitud temporal del estudio se ha podido comprobar algo que se se suponía ya desde hace tiempo: Los niños que reciben estos castigos físicos son más propensos a usarlo con sus propios hijos pasados los años, lo que demuestra que estos métodos de disciplina tienden a transmitirse entre generaciones.

Terminamos el artículo con una declaración de los autores del estudio que invita a la reflexión:

Nuestra sociedad piensa que los azotes y el abuso físico son comportamientos distintos. Sin embargo, esta investigación muesta que los azotes se vinculan con los mismos resultados en niños, aunque en un grado algo menor. (…) Esperamos que nuestro estudio sirva para mostrar a los padres los daños potenciales de los azotes para animarles a probar formas de disciplina positivas.